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martes, 7 de julio de 2009

MAGISA


Después de unos 15 años he vuelto a pisar aun los verdes pastos de magistral. Magistral tierra de mi niñez, balcón de Conchucos y balcón de mis recuerdos hoy he visto los trillizos cerros guardianes de Magistral el Pugo, Huakchara, y Ancapata, que apuntan al cielo azul como dedos gigantes arañando el aire quieto de este hermoso jardín de Conchucos. Cerros con sus abruptos desfiladeros por donde surcaba a pie para mirar el ganado que silenciosos gozaban por el verde pastizal, en aquel entonces: una puna verde con abundante flores silvestres, medicinales y fantásticos animales de diferentes especies y casi con lluvia todo el año, con su verde pacra y su frondosa chamichuy.

Ahora magistral 'lugar barbechado por maquinarias de las transnacionales', qué lejos quedaron aquellos tiempos de mi adolescencia, cuando vestido de lluvia iba al río bullicioso de aguas cristalinas con el balde a sacar el agua para preparar los alimentos. Melancólico escuchaba su ruidoso sonido de la corriente de este río el que llevaba mis penas de un desamor. En las vacaciones escolares temporada de lluvia solía ir a magistral gozaba por los verdes campos perfumados por flores que no se encuentran en otra parte de la tierra, en la cima de estos cerros solitario podía ver el sin fin del cielo que se acariciaban con las montañas en la lejanía, por aquellos desfiladeros del cerro el indio, retando al fuerte viento podía sentir la hermosura de la naturaleza; abecés estos cerros se convertían tan temidos con un ruido estruendoso cuando chocaban los vientos de Lichicocha y de Pelagatos, estos vientos de julio hacen rugir este puntiagudo cerro.

Contemplando el verde magistral, y en su celeste cielo surca sus aires el cóndor con sus lento volar, como un fiel guardián de estas hermosas punas. En los días de agosto verano para magistral pareciera que está cerca del sol, sintiéndose sus picantes rayos que se combinan con el viento que hacen silbar a los pajonales. Bajo un cielo azul y transparente creía ser el mas feliz, disfrutando del encanto de la puna, los jilgueros halagaban el oído con sus cantos, las flores de multicolores formaban y parecía una interminable y colorida alfombra natural. En un Mañana no muy lejano… Magistral será un pedregal de piedrecillas y pampas de lodo de piedra triturada como mudos testigos de la ambición del gran capital que lo chuparán el sustancioso mineral de sus entrañas y talvez aquellos cerros donde escuchaban armoniosos mis cantos de poesía, esos cerros talvez y de hecho desaparecerán. Se convertirán en un hondo y maligno “hoyo” con olor a pólvora y nitrato, lloraran y su llanto derramara hacia el rió, entonces no podremos tomar sus aguas porque estarán combinadas con sus lagrimas y magistral triste desolado llorando una vida entera se quedara.

No hay marcha atrás ya empezó su exterminio. He pasado cerca del rió llamacocha de aguas cristalinas se a vuelto ruidoso como que estuviera pidiendo a gritos que no dejemos llegar esas lagrimas vertidas por magistral… pero como castigo de nuestra indeferencia no podremos usar esas aguas porque son lagrimas vertidas por nuestra traición.


MAGISA

¡Estoy sentado en lo más alto de la cordillera!
Hoy siento la fuerza del viento, más fuerte cuando viene de abajo
Siento el golpe en mi cara y con furia hace rugir la montaña.
¡Hoy Siento miedo su furia!, ¡hoy siento miedo la soledad!.


Con esa furia maligna se ha llevado mi sombrero.
Y casi me arrastrado al abismo, pero con un grito de coraje,
he contestado ¡estas montañas también me pertenecen!
¡pero mi sombrero se lo a llevado! siento sobre mí, los picantes rayos del sol.


¡Hoy estoy sentado en lo más alto de la cordillera!
Hoy mis ojos contemplan con admiración, el lejano azul
A lo lejos se ve terminar el cielo y se acarician con las montañas.
¡Hoy puedo contemplar la inmensidad!, ¡hoy puedo sentir tu ausencia!

¡Estoy sentado en lo más alto de la cordillera!
Hoy puedo contemplar la inmensidad, ¡hoy
quiero contemplar tu hermosura!
Hoy quiero sentir tu compañía,
hoy junto a ti quiero desafiar al viento.
Hoy estoy escribiendo este poema y
como fondo hay un sonido primaveral,
turbio, un sonido indescifrable, un sonido que... !No quiero escucharlo¡

Se siente un desconcertante sonido en la amarillenta pradera.
Que tirita la lejanía con los rayos del sol y el trinar de las aves.
Y ese sonido se vuelve maldito con el rugir de las montañas,
con el lento y amenazante volar de unas aves de rapiña
pero si estuvieras a mi lado ¡la naturaleza... la naturaleza fura divina!




Escrito en Magistral en 1989


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