La puna es silenciosa, a veces sentía miedo por todos los cuentos supersticiosos de los pobladores que cuentan en cualquier ocasión sobre abigeos, demonios, espíritus, etc. No era tan “miedoso” como dicen lo lugareños, en estos lugares uno entra a la cama a las siete de la noche, después de cerrar al ganado al redil y dar de alimentar al mejor amigo del hombre, eran tres (chiquito, terrible y tin).
Solo una lámpara a batería alumbraba mis primeras horas de cada noche donde podía leer unas revistas, y luego quedaba dormido hasta pasado de media noche donde podía contemplar el sonido de la noche y salía a mirar el ganado que blanqueaban, por la esplendorosa luna y que asía brillar color plata a los cerros.
En magistral la luna se veía tan cerca tan grande, mas grande las noches de agosto hay un cielo despejado limpio. Vivía en un antiguo campamento dormía a la habitación contigua de la cocina eran unos cuartos de unos seis metros cuadrados cada uno, el piso eran entablado y el techo era de calamina, si se podrán imaginar cuando caía el granizo... En la puna mi padre tenia una escopeta o retrocarga que usábamos para casar viscachas, venados y perseguíamos a los sanguinarios pumas, que una ves se mató hasta seis ovejas, a esta retrocarga sabia manejarlo muy bien; y siempre llevaba al hombro y en las noches siempre dormía con el arma al costado, como una fiel compañera y me daba algo a si como seguridad perdía un poco de miedo.
Un cierto día o mejor dicho una cierta noche de los primeros días de agosto, paso algo insólito, que perturbo la tranquila noche de magistral, estando yo profundamente dormido, casi como toda noche normal, y de repente sentí unos sonidos forzosos que hacían la puerta me desperté y sin mover el cuerpo ni abrir los ojos pude sentir una luz que paso por mis ojos pero me quede quieto como si tuviera en un profundo sueño, cuando la luz cambio de dirección, noté dos individuos que entraron al cuarto donde dormía, alumbraban a mi cara y yo con los ojos serrados, cuando volteaban a alumbrar a otro sitio pude ver que estaban con mochila y un gorro cerrado que lo llaman pasamontañas, séme escarapelo el cuerpo y estático, disimulando estar dormido me imaginaba lo peor creí que me matarían, pero seguí quieto haciendo una especie de ronquido para engañar a los malhechores, y estos murmuraban, esta dormido no siente nada, entonces empezaron a buscar en unos cajones, pude ver se metieron varias cosas a la mochila hasta el thermos. estaba confundido, pensaba que eran avezados abigeos que venían de Pijobamba, pensaba correr por la puerta trasera, pero temía que tuvieran arma y pudieran hacerme daño, después de buscar las cosas regresaron a la cocina fue el instante donde decidí levantarme suavemente me puse los zapatos agarre la retrocarga puse el cartucho rastrille y con el sonido del arma y de las tablas del piso, presuroso vino un individuo y yo reaccionando de inmediato y sin pensarlo puse el arma en la frente ¡alto conch… tu m…! dije con voz fuerte para disimular el miedo, ¡no te muevas te mat…! vi como se desvaneció aquel cuerpo como que sus pies no quisieran sostenerlo, cayo al suelo, y del otro rincón salto el otro individuo diciendo ¡no, no, por favor! y se arrodillo delante mí ¡no…, hermanito, somos tus amigos! Sacándose las pasamontañas pude reconocer a dos conocidos míos aunque no eran amigos pero teníamos una confianza limitada, el que cayo al suelo lloraba desesperadamente lo agarró como un ataque de nervios, la voz estaba ahogándose, gruesas gotas de sudor corrian por su frente, su mirada infundida de miedo, este era un joven de familia tranquila humilde, que había sido inducido por el otro mas mayor que tenia una forma de vida muy peculiar.
Los dos, en ese momento suplicantes como cual fiel desgraciado que implora a su santo una bendición. Empecé a interrogarles primero le mande una amenaza ¡si han venido con alguien más les meto bala!! No, no… hemos venido solos…!, retrocarga en mano Salí a mirar los alrededores que se veía tan claro por los potentes reflejos de la luna, con disimulo regrese, el joven no paraba de llorar, el otro queriéndolo levantar le decía cállate hermano no va pasar nada, ya no nos va pasar nada, cual habrá sido sus intrigas que cuando frente a mí se veían como dos estupidos mal hechores, que quieren sacar el queso del agua no sabiendo que era reflejo de la luna, mirándoles fijamente les interrogue ¿con que han venido a robarme no?, el mayor con tan desparpajo fingió diciéndome, no hermanito, hace una semana he perdido mi mula y hemos venido a buscarlo, era tan absurda su explicación que sentí ganas de romperle la boca con el arma, pero luego sentí pena, rabia, miedo, todo se me confundía la mente, y pude ver y sentir como un individuo se vuelve tan miserable, tan no se como explicarlo cuando se ve amenazado por alguien que tiene un arma que lo descubre haciendo una fechoría y en un lugar que nadie mas que sus suplicas lo pueden salvar.
Estaban con soga a la espalda, el mayor era un ruin mentiroso, el otro que lloraba, le dijo: ¡por tu culpa conch… tu mad…, tu me has traído, eres una m…! me pidieron disculpas suplicaron regalarle una taza de té, porque el menor no podía pararse se le temblaban las piernas, a lo que accedí, volví a recalcarlo no les va pasar nada siéntate en la banca ayudándolo del brazo logro sentarse, y poco a poco pudo ponerse a normalidad, el te lo compuso el cuerpo, y les dije ahora agarran el camino que les trajo y sin mirar atrás se van, sin detenerse, suplicantes agradeciendo como cual mendigo agradece un centavo que un misericordioso de regala. Se retiraron. comprendí su plan, querían robar el ganado; eran jóvenes que seguro no con odio hacia mi persona, si no por alguna motivación actuaron en esa forma, al día siguiente me puse a reflexionar sobre el acontecimiento note cuan vulnerables somos las personas cuando otros deciden actuar por codicia o maldad.
Solo meditaba, imaginado aquel hecho y me preguntaba ¿y que había pasado si disparaba?, porque en ese instante no sabia de quien se trataba, y estaba embargado por el miedo y decidido a defender mi vida, lo que ustedes no saben que cuando yo pongo el cartucho a la retrocarga esta no quería cerrar, presionaba con fuerza nada, cambie de cartucho, increíble, nada, no entro. Es ahí donde escuchan el sonido y vienen hacia mi, entonces apunto a la frente pero sin estar cargada el arma, ¡es increíble no quería entrar el cartucho!, pero yo actué. Que ¿habría pasado si el arma se cargaba sin problemas? talvez hubiese habido un final fatal, este episodio me confundió, acaso fue un milagro que no cargó el arma? Esto hasta hoy no me explico este evento.